lunes, 8 de noviembre de 2010
sábado, 6 de noviembre de 2010
Comunicarte
Yo pensé que la semana más divertida en los dos ciclos que hay en el año universitario era la semana universitaria, pero me equivoqué. Hoy terminó el Comunicarte, una semana en la cual se exponen todos los trabajos que se han hecho a lo largo del año en mi facultad. El lunes me caminé por todos los rincones del E y del E 1 viendo trabajos que habían hecho no solo alumnos sino también egresados. Habían trabajos de técnica y expresión fotográfica, de periodismo, de audiovisuales, de diseño, de todo. Uno de los pisos de la facultad estaba decorado con fotos de los estudiantes, muchos de ellos mis amigos. Justo una semana antes un chico me había dicho para salir en unas fotos para el Comunicarte y yo toda tonta le dije que no, si hubiese aceptado mi foto hubiera salido por más de una semana -porque las dejaron más tiempo- en uno de los pasillos. En el cuarto piso había una exposición del grupo de desarrollo llamado "Recrea". Fui un rato a "sapear" y me parecio muy interesante las obras sociales que estos chicos hacen, así que decidí meterme a este círculo, no solo para ayudar sino también para sentirme un poco más ligada a mi universidad. En fin, lo que más me gustó de todo el Comunciarte fue el broche de oro: El corto de boleto. No pude participar porque se acabaron las vacantes el día que me quise inscribir con mi grupo de técnicas, pero me divertí mucho viendo lo que habían hecho mis amigos. El que más me gustó fue uno llamado "El buen taxi" que trataba sobre un taxista que tiene una noche de trabajo un poco extraña al hacerle una carrera a un Turco narcotraficante de cocaína. La foto que he posteado en esta entrada es de una de las partes que más me gusto de dicho corto: estos dos personajes aparecen de la nada y empiezan a dispararle a Gino, otro turco amigo del personaje principal. No tienen idea de lo divertida que me pareció esta semana y tampoco se imaginan las ganas que tengo de que pase un año y yo pueda participar más del Comunicarte.
domingo, 31 de octubre de 2010
Poema de octubre
Mundo de los muertos
Llorando en el bosque
Ella se encontraba,
Pidiendo ayuda a gritos,
En un mar de lágrimas.
Maldita la serpiente que me la quitó
Sin siquiera poder decirle adiós.
Tanto fue el daño que nos hizo a los dos
Que a Estigia fui a robar a mi amor.
Al llegar, a un vigía encontré
‘Por favor déjame pasar el lago,
Recuperar a mi amada
Que Hades se ha llevado’
Insistí, quería volver a tenerla
Volver a verla, tenerla en mis brazos
Una vez más y decirle
Cuanto le amo.
‘Tocaré mi lira para tí
Si me dejas pasar
Y a mi amada
Recuperar’
Crucé Estigia y a Hades encontré
‘Devuélveme la vida,
Devuélveme el amor’
Toca para mi tres días y noches
Y haré lo que me pidas’
Chorros de sangre
Salían por mis manos
Noches enteras sin descansar
Todo para verla una vez más.
‘Puedes irte ya,
Ella te seguirá
Pero no voltees,
Sino ella se irá’
Salí de ese lugar
Y una voz tras de mí
No paraba de decir
‘Por favor no me dejes’
Era ella,
Pero bien sabía yo
No debía voltear
Si la quería recuperar…
‘No me dejes…’
La tentación es fuerte.
A la mitad del río volteé.
Sé que no debí
Pues la perdí otra vez…
Tanto sacrificio,
Tanto amor,
Tanta sangre derramada…
Para perderla.
Hoy moriré
En ese mismo bosque
Donde alguna vez
Nadie escuchó sus llantos…
Espero verla otra vez
Tenerla en mis brazos
Y decirle al oído
Cuanto le amo.
Algún día estaremos juntos,
En aquel lugar al que tantos llaman,
Mundo de los muertos.
lunes, 25 de octubre de 2010
Limeña y contenta
Varias veces lo he dicho, odio Lima, pero no me imagino la vida fuera de ella. Es algo parecido a la popular frase “Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir” del poema de César Vallejo que lleva como nombre la primera parte de ella. Siempre lo he visto así. Lima es una ciudad gris, de repente un poco sucia, deprimente, monótona. No obstante, no estar en ella me pone melancólica, quizás esto se deba a que he encontrado cierta clase de felicidad dentro de ella, o simplemente estoy acostumbrada a estar en ese ambiente sombrío. Prefiero pensar que no es así y que en verdad Lima tiene cosas buenas que me enamoran y no me dejan despegarme de ella, como lo amable y lo abierta que es su gente. Por más de que lo ansíe y quiera con todas mis ganas, no puedo cambiar aquellas cosas que me disgustan de mi ciudad. Igual, si es que tuviese el poder de hacerlo, no lo haría. A veces solo cuando todo parece estar mal, uno se da cuenta de las cosas buenas. Entre algo feo, lo bonito resalta, si todo fuera bonito, nada sería visto como lo mejor. Esto es un pensamiento, solo eso. Creo que muchos estarán en mi contra cuando lean esto, pero eso está bien, son solo puntos de vista. Yo acepto todos los puntos de vista y me gusta que cada uno tenga el suyo. Por ejemplo, siguiendo con el tema de la “ciudad de los reyes”, en las elecciones, voté por Lourdes Flores. Al igual que la mayoría de aquellos que votaron con la cabeza el pasado 3 de octubre, tenía varias razones para marcar el símbolo de mi candidata. Pero, pese a que soy fiel a ella, respeto las opiniones de los demás. De eso se trata. ¿Por qué voté por ella? ¿Me informé? Pues sí. ¿Me dejé influenciar por las palabras de mis papás? Sí, también. Recién he cumplido 18, tenía que hacerlo. Pero el voto era mío y solo mío y detrás de él no solo estaban las propuestas, y la simpatía hacia Lourdes Flores, sino también unas ganas terribles de demostrar que yo no me dejo llevar por las sonrisas y gestos amables de una “tía chévere que ha “lanzado” una que otra vez y escucha reggae”. Está bien si votaste por ella. De eso se trata nuevamente. De votar por el que quieras, siempre y cuando lo hagas queriendo que tu ciudad mejore. Igual ten presente, como yo lo tengo, que no la podrás cambiar, no. No la podrás limpiar de todo mal, para nada.
Información y publicidad
Este es, sin duda alguna, el curso que más me ha abierto los ojos hasta ahora. No es por sobona, profesor, es la verdad. La mayor parte de las veces que prendo el televisor me tengo que quedar viendo algo, y si pasan a comerciales, como casi todos los televidentes, me pongo a hacer “zapping” para ver qué está dando en otro canal. Cero importancia a los comerciales. ¡Qué horrible! Pero esta semana todo cambio. Hemos estado viendo en la clase el tema de la publicidad y en la clase de hoy vimos cuarenta y dos comerciales. Quizás todos estos comerciales fueron la penitencia que tuve que pagar por ser una futura comunicadora que obvia los reclames. De todos ellos cuatro llamaron mi atención. Entre ellos están uno de Sublime, otro de los Agentes del BCP, uno de los varios de Promperú y uno muy pegajoso de Páginas Amarillas. Para comenzar, el de Sublime -que trata de vender un concurso entre los consumidores de la marca en el cual el ganador será acreedor a viajes de aventura- me gustó porque era bastante dinámico y justo este adjetivo calza perfecto con el sustantivo “aventura”: estaba acompañado de música, tenía colores vivos, salían jóvenes y no era estático. Por otro lado, los comerciales de BCP llamaron me gustaron ya que son muy graciosos y creo que eso es lo que están buscando los publicistas hoy: quedarse en la mente del televidente sea como sea, y en este caso el “sea como sea” viene a ser buscando la burla, el chiste. De repente eso no suena del todo bien, pero debo decir que funciona. Otro que me encantó fue el de Promperú. El comercial es corto, como los anteriores –dura unos 30 segundos aproximadamente- pero se diferencia de los anteriores puesto que te llega al corazón. Uno se siente orgulloso de ser peruano cuando lo ve, y le dan ganas de hacer que todo el mundo venga a su tierra. Finalmente el de páginas amarillas se me quedó pegado porque lleva con él una canción creativa que te divierte al mismo tiempo que te informa acerca del producto. Esto es clave para que una publicidad sea buena: informar. Detesto los comerciales que parecen haber sido hechos solo para ser vistos y no para comunicar algo. Lo peor de todo es que son miles de dólares botados a la basura, pues la gente ni siquiera recuerda el producto al que hacían hincapié. Ahora paro de escribir porque estoy a punto de “volar” el límite de caracteres de esta entrada y creo que podría seguir hablando mal de varios comerciales que también vi. Además, espero que si en el futuro me dedico a esta rama de la comunicación, ninguna universitaria hable mal de mis trabajos en su blog, y más bien haga todo lo contrario.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Cuento de setiembre
Karma en el camino
Las dos calaveras se encontraban sumamente cansadas y sin energía, pues los víveres se habían agotado rápidamente. Morían de hambre, sus únicos alimentos eran algunos frutos que encontraban en el camino. El hombre, por el contrario, lucía fuerte y recio, aunque descuidado y maloliente. Su sustento era la carne de los cerdos de las granjas con las que se topaban en la trayectoria. Lamentablemente debido a su cultura, la esposa estaba prohibida de comer este tipo de alimento. Ambos estaban sufriendo pero no se quejaban, pues sabían perfectamente que estaban pagando por lo hecho en el pasado.
A través de la calina de la noche, el sujeto pudo ver una fúlgida luz. - ¡Ana, por fin! ¡Hemos llegado! – gritó el hombre al darse cuenta de que su destino estaba próximo. Recordó que algunos kilómetros atrás un trabajador local les había contado de la existencia de un pueblo poco conocido y con una población bastante acogedora. Era el lugar perfecto para esconderse, o mejor dicho, comenzar una nueva vida. La mujer despertó de un salto y corrió hacia la luz. En cuestión de minutos los pueblerinos ya les habían conseguido un lugar donde alojarse. El dueño del terreno era el poseedor del lupanar del pueblo y se mostró muy cariñoso con la dama, pero no con el caballero, a quien algo en su mirada le decía que este sujeto era una persona zaina.
-Te digo que hay algo en él que no me convence – dijo a su esposa acercándose a la ventana. Mientras bajaba el visillo pudo divisar afuera del recinto al hombre que no le inspiraba confianza. Parecía que había estado observándoles desde que entraron a su recámara, pues, apenas cruzaron miradas, el tenebroso individuo se dio media vuelta y con la cara hecha un tomate de la vergüenza de haber sido ampayado, se marchó.
La mujer le dijo a su marido repetidas veces que estaba equivocado y que pensaba eso sólo por celos. Pero su pensamiento cambió una vez que el señor le ofreció trabajo en su prostíbulo. Ese día huyeron a seguir sufriendo y pagando su castigo.
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